Los sacramentos -en la
teología de la
Iglesia católica- son signos sensibles y eficaces de la
gracia invisible de
Dios a través de los cuales se otorga la vida divina, es decir, ofrecen al creyente el ser hijos adoptivos de Dios. Fueron instituidos por
Jesucristo y confiados a la Iglesia. Los sacramentos se administran en distintos momentos de la vida del cristiano y simbólicamente la abarcan por entero, desde el bautismo (que se suele administrar a los niños) hasta la unción de los enfermos (que antes del Concilio Vaticano II se aplicaba sólo a los que estuvieran en peligro de muerte).
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