Las interjecciones no constituyen, aunque algunos gramáticos las incluyen en el inventario de clases de
palabras, una parte de la oración, sino que son equivalentes de oración que expresan un sentimiento vivo (¡ay!), una llamada enérgica (¡eh!, ¡alto!) o describen elementalmente una acción (¡zas!) sin ser léxicamente y gramaticalmente organizadas. Son,
signos pregramaticales que desempeñan las tres
funciones del lenguaje que halló
Bühler: expresiva, conativa y representativa. Equivalen también a oraciones sin desarrollo las expresiones interjectivas del tipo ¡Cielo santo!', ¡Dios mío!, ¡Rayos y truenos!, ¡Demonios!, ¡Cielos! etc...
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