La gastronomía de España está englobada en la idealizada
dieta mediterránea. Aunque, como ocurre en cada país, tanto en la zona latina como en la árabe, no se ajusta a sus parámetros. El consumo de
carnes es mayor que el considerado ideal y, por ende, es menor el consumo de
pescados, incluso en zonas costeras. El uso del
aceite de oliva es abundante, quizás más cercano en la actualidad a lo que la dieta indica, pero hasta principios del
siglo XX era muy habitual el uso de grasas animales, sobre todo manteca de cerdo. La cantidad de
frutas y
verduras consumidas, aunque más alta que en otras culturas no mediterráneas, no se acerca a las cinco raciones recomendadas por dicha dieta.
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