Los almohades surgieron en
Marruecos en el
siglo XII, como reacción a la relajación religiosa de los
almorávides, que se habían hecho dueños del
Magreb, pero habían fracasado en su intento de revigorizar los estados musulmanes y tampoco habían ayudado a detener el avance de los estados cristianos en la
Península Ibérica. El nombre castellano deriva de al-Muwahhidun, que significa «los unitarios», denominación que alude a la insistencia fundamentalista que su fundador puso en la absoluta unicidad de lo divino (véase
Tawhid).
Ibn Tumart, fundador del movimiento, fue proclamado por sus seguidores
mahdi («el Imam que ha de venir») creencia de raíz ideológica
chiíta pero también aceptada por el
sunnismo, y llamó a todos los musulmanes, a retornar a las fuentes primeras de su fe; es decir, el
Corán. Siguiendo estos principios, se enfrentaron con los almorávides, que habían impuesto una rígida ortodoxia maliquí pero que apenas habían transformado las costumbres populares poco acordes con el Corán. Después de dominar el norte de África, enfrentando a la confederación de tribus bereberes de los masmuda con los lamtunas almorávides, desembarcaron desde 1145 en la Península Ibérica, y trataron de unificar las
taifas utilizando como elemento de propaganda la resistencia frente a los cristianos y la defensa de la pureza islámica. Por eso su
yihad se dirigió por igual contra cristianos y contra musulmanes. En poco más de treinta años los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde
Santarém en la actual Portugal hasta
Trípoli la actual
Libia incluyendo todo el norte de África y la mitad sur de la península ibérica, y consiguieron parar el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas en 1195 en la
batalla de Alarcos.
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