Durante el siglo XVI, varios religiosos, pensadores y políticos intentaron provocar un cambio profundo y generalizado en los usos y costumbres de la Iglesia Católica en la Europa Occidental, especialmente con respecto a las pretensiones papales de dominio sobre toda la cristiandad. Más específicamente, rechazaron con determinación la validez de la venta de indulgencias propiciada por el Papa, a través de la cual la Iglesia Católica "vendía" la
salvación al mejor postor. A este movimiento religioso se le llamará posteriormente Reforma Protestante, por ser un intento de reformar la Iglesia Cristiana buscando la revitalización del
cristianismo primitivo y que fue apoyado políticamente por un importante grupo de príncipes y monarcas que "protestaron" contra una decisión de su emperador. Este movimiento hundía sus raíces en elementos de la tradición católica
medieval, como el movimiento de la
Devoción moderna en
Alemania y los
Países Bajos, que era una piedad laica antieclesiástica y centrada en
Cristo. Además, la segunda generación del
humanismo la siguió en gran medida. Comenzó con la predicación del sacerdote católico agustino
Martín Lutero, que revisó las doctrinas medievales según el criterio de su conformidad a las
Sagradas Escrituras. En particular, rechazó el complejo sistema sacramental de la Iglesia Católica medieval, que permitía y justificaba exageraciones como la "venta de indulgencias", según Lutero, un verdadero secuestro del
Evangelio, el cual debía ser predicado libremente, y no vendido.
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