Las archaea (o arqueas) son
microorganismos unicelulares. Al igual que las
bacterias, las archaea carecen de núcleo y son por tanto
procariontes. Sin embargo, las diferencias a nivel molecular entre archaeas y bacterias son tan fundamentales que se las clasifica en grupos distintos. De hecho, estas diferencias son mayores de las que hay, por ejemplo, entre una planta y un animal. Actualmente se considera que las archaea están filogenéticamente más próximas a los
eucariontes que a las bacterias. Las archaea fueron descubiertas originariamente en ambientes extremos, pero desde entonces se las ha hallado en todo tipo de hábitats. Algunas especies son
hipertermófilas y pueden sobrevivir y prosperar a temperaturas ligeramente superiores a los 100°C y se las ha encontrado en géiseres, respiraderos hidrotermales y pozos de petróleo. Otras especies se encuentran en agua hiper-salina, ácida o alcalina. Sin embargo, otras especies son
mesófilas o
psicrófilas y prosperan en ambientes tales como marismas, aguas residuales, agua de mar y el suelo. Otras archaea son
metanógenas y se las puede encontrar en el tracto digestivo de animales tales como rumiantes, termitas y seres humanos. No se conocen patógenos para los seres humanos, aunque se ha propuesto alguna relación entre los metanógenos y los trastornos periodontales humanos.
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