La magnitud aparente (m) de una
estrella,
planeta o de otro cuerpo celeste es una
medida de su
brillo aparente; es decir, la cantidad de
luz que se recibe del objeto. Mientras que la cantidad de luz recibida depende realmente del ancho de la
atmósfera, las magnitudes aparentes se normalizan a un valor que tendrían fuera de la atmósfera. Nótese que el brillo aparente no es igual al brillo real -un objeto extremadamente brillante puede aparecer absolutamente débil, si está lejos-. La relación en la cual el brillo aparente cambia, mientras que la distancia de un objeto aumenta, es calculada por la
ley de la inversa del cuadrado. La
magnitud absoluta, M, de un objeto, es la magnitud aparente que tendría si estuviera a 10
parsecs.
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Escala de brillos aparentes introducida por Hiparco en el siglo II a.C. Las estrellas más brillantes del cielo son designadas como de primera magnitud y las más débiles visibles a simple vista, de sexta magnitud. Desde mediados del siglo XIX la escala de magnitudes se cuantificó asignándosele exactamente un factor 100 en brillo aparente a una diferencia de cinco magnitudes, en el sentido de que una estrella de sexta magnitud es cien veces más débil que una de primera. Con los telescopios modernos se pueden observar estrellas hasta de una magnitud 25. El telescopio espacial Hubble detecta estrellas de sobre magnitud 28.