El abogado del diablo (en
latín advocatus diaboli) o promotor de la fe (en latín Promotor Fidei) es el apelativo popular con el que se alude al
procurador fiscal en los antiguos juicios o procesos de
canonización de la
Iglesia Católica. El oficio de este abogado, generalmente clérigo doctorado en
derecho canónico, era objetar, exigir pruebas y descubrir errores en toda la documentación aportada para demostrar los méritos del presunto candidato a los altares como
beato o
santo. Si bien su papel le hacía aparecer figuradamente alineado entre las filas de los que se oponen al candidato (de donde procede el mote de «abogado del diablo», para este «defensor del otro bando») en realidad se encargaba de defender la autenticidad de las
virtudes del que será propuesto como modelo a imitar por el pueblo católico.
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